domingo, 14 de diciembre de 2014

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 Domingo 21 de Diciembre de 2014
 
IV Domingo de Adviento

 

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una Ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María. Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo:

«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Al oír estas palabras ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.

El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia, ante Dios. Vas a concebir y a dar luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los Siglos y su remado no tendrá fin».

María le dijo entonces al ángel: «¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?»

El ángel le contesto. « El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios Ahí tienes tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios».

Le contesto: «yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho». Y el ángel se retiró de su presencia (Lc 1, 26-38).